Está claro que la alegría desborda las calles de nuestra ciudad, pero esta alegría debe contagiar y ser razonable, que es lo que no vimos pasado el partido entre nuestra Argentina y Suiza.
Es como todo: si yo festejo, pero el que está a mi lado la está pasando mal, la alegría no es completa. Esto abarca desde las motos con escapes libres sin límites, hasta vecinos y vecinas violentando un espacio gastronómico; espacio que hace cuatro años atrás vivió algo similar.
La felicidad no es completa cuando alguien sufre, cuando los ruidos molestan a quienes intentan descansar, o cuando aquel que, con la fuerza de su tiempo y trabajo, intenta salir adelante… estamos muy cerca de la cuarta, seamos juntos el ejemplo.
Paulo González
